La banda Macacos y el gran torneo del plátano dorado

La banda Macacos y el gran torneo del plátano dorado


En la selva verde, cuando el sol se despierta, también se despiertan los sonidos: pájaros cantando, hojas moviéndose y… un “crac” misterioso.

Zancu, el mono de patas largas, estaba arriba de un árbol mirando el mundo como si fuera un vigilante.

—¡Atención, equipo! ¡Algo muy importante acaba de caer!

Chipi el chimpancé salió de su hamaca de lianas con un salto.

—¿Un coco? ¿Una piña? ¿Un… sombrero de turista?

Tán, el orangután de pelo anaranjado, se levantó lento, rascándose la barriga.

—Si es comida, mi voto es sí.

Gori el Grande, el gorila de espalda plateada y corazón tranquilo, apareció detrás de ellos como una montaña amable.

—¿Qué has visto, Zancu?

Zancu señaló hacia un claro.

—¡Ha caído el Plátano Dorado!

Chipi abrió la boca como si se le hubiera escapado un bostezo al revés.

—¿El Plátano Dorado? ¿El de verdad?

En la selva se contaba una historia: una vez al año, cuando la lluvia y el sol se ponen de acuerdo, crece un plátano especial. Brilla un poco, huele a miel y, según decían, da energía y calma la sed con solo un bocado. Era como tener una merienda y un sorbo a la vez.

Tán se relamió.

—Eso suena a… ¡milagro de barriga feliz!

Gori levantó una ceja.

—Si calma la sed, muchos animales lo necesitarán.

Y justo entonces… se escuchó un grito desde los arbustos.

—¡ES NUESTRO! ¡NUESTRO!

Salieron corriendo los coatíes (unos bichitos con hocico largo y cola rayada) liderados por una coatí mandona llamada Cora Cola-Raya. Venían en fila, como si ensayaran una entrada triunfal.

Detrás, dando saltitos, llegaron los jabalíes jóvenes, guiados por Bruno Colmillo, que venía con cara de “yo mando aquí”.

Y por arriba, aterrizando con plumas elegantes, aparecieron… los tucanes, con un tucán famoso por meterse en todo: Pico de Oro. Sí, el mismo del lío de la charca. Esta vez llevaba una ramita en la cabeza como si fuera una corona.

Pico de Oro infló el pecho.

—¡Ejem! Como experto en cosas importantes, declaro que el Plátano Dorado… debería ser para los tucanes.

Chipi le guiñó un ojo.

—Claro, claro. Y también el aire, ¿no?

Todos hablaron a la vez. Fue un caos:

—¡Para los coatíes!
—¡Para los jabalíes!
—¡Para los tucanes!
—¡Para mi barriga! —susurró Tán, sin querer en voz alta.

Los animales se quedaron mirándolo.

Tán se aclaró la garganta.

—Quiero decir… para el bien común.

Gori dio un paso al frente. No rugió. Solo habló con calma.

—Si peleamos, alguien se hará daño. Y si se rompe el plátano… nadie lo disfrutará.

Cora Cola-Raya cruzó los brazos.

—¿Y entonces qué? ¿Lo partimos en mil trocitos y ya?

Bruno Colmillo bufó.

—¡Yo digo que se lo queda el que gane una prueba!

Pico de Oro sonrió, encantado.

—¡Sí! ¡Un torneo! ¡Un torneo elegantísimo!

Zancu miró a la Banda Macacos.

—Un torneo… puede evitar la pelea.

Chipi se frotó las manos.

—Y puede ser divertido.

Tán levantó una mano urgente.

—¿Podemos hacer el torneo rápido? Porque estoy nervioso y cuando estoy nervioso… mi barriga hace sonidos de tambor.

Y la barriga de Tán hizo:

GROOOONK

Los jabalíes se rieron.

—¡Ese orangután tiene un monstruo dentro!

Tán se puso rojo.

—No es un monstruo, es… un artista.

El torneo empieza

El jaguar del bosque, que pasaba por allí con cara seria, se sentó en una roca.

—Yo seré el árbitro —dijo.
Y todos tragaron saliva.

El jaguar continuó:

—Tres pruebas. Sin trampas. Sin peleas. Y… sin hacer caca en el campo de juego.

Tán se quedó muy quieto.

—Entendido, señor juez.

Chipi le susurró a Zancu:

—Hoy Tán está en modo “peligro”.

PRUEBA 1: La carrera del tronco resbaladizo

En un tronco largo sobre un barro suave, había que correr hasta el final sin caerse.

Cora Cola-Raya fue primera. Corrió ligera, ¡zas!, ¡zas!, ¡zas! Llegó como un rayo.

Bruno Colmillo lo intentó. A mitad, ¡plaf!, resbaló y cayó al barro.

Bruno salió con barro en la nariz.

—¡Esto… es camuflaje!

Pico de Oro quiso hacerlo volando.

El jaguar lo miró fijo.

—No.

Pico de Oro tosió.

—Entonces… caminaré.

La Banda Macacos se preparó. Zancu corrió con sus patas largas como palillos rápidos. Llegó casi al final… pero el tronco estaba mojadísimo.

—¡Uy!

Zancu se tambaleó… y justo antes de caer, Gori extendió una mano enorme y lo sostuvo como si fuera una hoja.

Zancu aterrizó de pie.

—¡Gracias, Gori!

Resultado: gana Cora, pero la Banda Macacos queda muy cerca.

PRUEBA 2: El lanzamiento de piñas

Había que lanzar una piña (de las que caen de los árboles) a un círculo dibujado en la tierra.

Los jabalíes eran fuertes: Bruno lanzó una piña que aterrizó cerca del círculo.

—¡Punto! —gruñó, orgulloso.

Los coatíes lanzaron muchas… pero se les iban torcidas.

Pico de Oro intentó empujarla con el pico. Le salió… “más o menos”.

Chipi agarró una piña, miró el viento y susurró:

—La piña no se tira con fuerza. Se tira con cerebro.

La lanzó. Voló. Cayó en el círculo.

—¡Punto perfecto! —dijo el jaguar.

Tán quiso hacerlo también, pero al levantar la piña, su barriga volvió a hacer:

GROOOONK… PFFFT

Tán abrió los ojos como platos.

—¡Eso no fui yo! Quiero decir… sí fui yo, pero… fue un accidente del aire.

Los tucanes se taparon el pico para no reírse. Los coatíes se rieron sin taparse.

Gori puso una mano en el hombro de Tán.

—Respira. Y piensa en hojas frescas.

Tán respiró y lanzó. La piña cayó cerca. No perfecto, pero decente.

Ahora el torneo estaba empatado entre varios.

PRUEBA 3: La prueba del agua escondida

El jaguar explicó:

—En esta selva, a veces el agua se esconde. He escondido tres calabazas con agua. El equipo que encuentre dos primero… gana.

¡Todos corrieron!

Los coatíes olfateaban como detectives.
Los jabalíes removían hojas con fuerza.
Los tucanes miraban desde arriba.

Y la Banda Macacos… trabajó en equipo.

Zancu subió a un árbol alto.

—¡Veo huellas! ¡Por allí!

Chipi siguió las huellas.

—Son pequeñas… de rana. Una rana sedienta va hacia donde hay agua.

Gori apartó un montón de hojas con cuidado para no aplastar nada.

—Aquí hay un hueco.

Tán se metió despacito, como un explorador peludo, y encontró la primera calabaza.

—¡Ajá! ¡Agua!

Pero justo cuando iban por la segunda, Pico de Oro gritó:

—¡Yo ya encontré una! ¡Los tucanes van ganando!

Chipi miró el suelo y vio algo sospechoso: plumas tiradas como migas.

—Hmm… Pico de Oro… ¿has dejado un caminito de plumas sin querer?

Pico de Oro se puso nervioso.

—Yo… eh… es que soy tan elegante que se me caen plumas.

Zancu señaló hacia unos arbustos.

—¡Allí! ¡Veo un brillo!

Corrieron… y encontraron la segunda calabaza.

En ese momento, Bruno Colmillo apareció con la tercera.

—¡Yo también tengo una!

Todos quedaron parados. Nadie sabía quién había ganado.

El jaguar miró las calabazas y dijo:

—Empate.

Hubo un silencio enorme.

Cora Cola-Raya gruñó.

—Entonces… ¿qué hacemos con el Plátano Dorado?

Chipi miró a los animales: algunos tenían sed de verdad. Otros solo querían ganar. Y Tán… bueno, Tán parecía necesitar un baño urgentísimo.

Gori habló suave:

—Hay algo más importante que ganar.

Zancu asintió.

—El plátano no debería ser un trofeo… debería ser una ayuda.

Tán levantó una mano con cara seria.

—Y también debería ser… una razón para que yo pare de sufrir por dentro.

Chipi se rió.

—Propongo esto: no se lo queda un equipo. Se convierte en el “Plátano del Encuentro”.

Cora torció el gesto.

—¿Qué significa eso?

Chipi señaló la Charca de Cristal, a lo lejos.

—Lo llevamos a la charca. Lo partimos en trocitos iguales. Y quien más sed tenga, bebe primero. Los demás esperan y ayudan.

Bruno Colmillo bufó… pero miró a una cría de jabalí que tenía la lengua fuera.

—Mi hermano pequeño tiene mucha sed.

Pico de Oro bajó la cabeza.

—Yo… yo quería ganarlo para que todos me aplaudieran.

Gori le sonrió.

—Te aplaudirán más si compartes.

Pico de Oro tragó saliva.

—Vale. Compartimos.

El final (con fiesta)

Llevaron el Plátano Dorado a la Charca de Cristal. Chipi lo partió con cuidado. Zancu lo repartió. Gori mantuvo el orden con calma. Y Tán… por fin, después de beber, suspiró feliz.

—Ahhh… ahora sí. La selva vuelve a ser un lugar seguro para mi barriga.

De repente, una rana gritó:

—¡Fiesta!

Los tucanes llevaron fruta. Los coatíes trajeron hojas grandes como platos. Los jabalíes… bueno… trajeron barro, porque siempre traen barro.

Pico de Oro se acercó a la Banda Macacos.

—Hoy aprendí algo. Ganar es divertido… pero compartir es mejor.

Chipi guiñó un ojo.

—Y además, compartir evita guerras de semillas.

Zancu se rió.

—Y peleas por plátanos.

Gori habló al final, con voz tranquila:

—En la selva, lo importante no se conquista… se cuida.

Tán levantó un dedo.

—Y se cuida también… el sitio donde uno va al baño.

Todos se rieron, y la Charca de Cristal brilló como si estuviera contenta.


Preguntas de comprensión lectora

  1. ¿Qué es el Plátano Dorado y por qué es importante en el cuento?

  2. Nombra una de las pruebas del torneo. ¿Qué tenían que hacer los animales?

  3. ¿Qué le pasa a Tán durante el torneo que da un poco de risa?

  4. ¿Cómo deciden los animales resolver el problema del Plátano Dorado al final?

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